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El poema infinito

10 noviembre, 2019

Escribo poesía sin conocerte,

sin que me conozcas,

y la escribo a solas,

aislado,

pero contigo.

Escribo poesía mientras algunos hacen el amor y otros rompen sus relaciones,

mientras algunos se enamoran y otros se reconcilian,

mientras algunos nacen y otros mueren.

Escribo poesía mientras algunos enferman y otros sanan,

mientras algunos odian y otros perdonan

mientras algunos fraguan algún delito y otros se rinden ante la culpa.

Escribo poesía mientras algunos ríen y otro lloran,

mientras algunos rezan y otros blasfeman,

mientras algunos reciben una gran noticia y otros sienten que su vida se desmorona.

Escribo poesía sin conocerte,

sin que me conozcas

y la escribo a solas,

callado,

pero contigo.

Escribo poesía mientras las aves cruzan el cielo y las nubes destellan de luz,

mientras las manadas atraviesan la tierra y los árboles coronan sus flores,

mientras los cetáceos surcan los mares y los barcos rompen las olas.

Escribo poesía mientras se hace la guerra o se declaran pactos de paz,

mientras el gobierno ríe o el pueblo se levanta,

mientras la vida sopla o la muerte espera.

Escribo poesía porque cada poema vibra con el mundo,

se entrelaza con el tiempo,

pertenece a cada ser que respira y rememora a todo a aquel que ya no vive.

Escribir poesía es un acto de rebeldía, de confrontación,

de librar primero la batalla consigo mismo y después declarar la paz con el entorno.

Escribo a solas, aislado y en silencio,

pero contigo,

porque la poesía es de todos,

todos somos poesía

y cada poema que yo escribo no es mío,

es tuyo, de aquel, del mundo entero.

La vida sigue y el poema se detiene,

el poeta muere y la poesía subsiste.

Escribo poesía sin conocerte,

sin que me conozcas,

y la escribo contigo,

porque todos somos el poema,

el poema infinito.

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