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La Redacción

Luis Andrade Silva forma parte del paisaje mazatleco

20 noviembre, 2019

Quien lo ve, eternamente sentado en la banqueta de la Plazuela República, pensará que es un indigente más. Nadie imagina la riqueza interior que guarda un hombre que, según sus propios cálculos, tienen 106 años de edad.

No nació en Mazatlán, pero es aquí donde ha vivido la mayor parte del tiempo, llegó como albañil a trabajar haciendo las “pirinolas” de la Catedral de la Inmaculada Concepción.

Luego lo contrataron Heriberto Magaña y Rodolfo Arce para trabajar en una botica y nunca más salió del puerto.

Platicar con Luis Andrade Silva, originario de Jiquilpan de Juárez, Michoacán, es saborear sus historias, tan vivas en su memoria como si las hubiera vivido ayer

“Nací en la tierra del Presidente Lázaro Cárdenas, en plena guerra (Revolución Mexicana), mi madre me decía que olía a plomo, que hasta traía cuernitos”, dice entre risas.

Su madre fue Maximina y su padre don Julián.

Habla de sus múltiples oficios: haciendo hornos para una empresa panificadora, en 1939; alimentando changos y leones en el Parque Agua Azul, en Guadalajara, como luchador, aunque no le gustaba la lucha libre, boxeador, futbolista.

“Me daba miedo darle comida a los leones, y los changos me tiraban con los plátanos, porque solo les gustaban los manzanos y yo les daba macho, los otros me los comía yo”, cuenta.

Y recuerda a su madre, una mujer que lo quería mucho, pero lo trataba con dureza, lo obligaba a bañarse a diario, so pena de echarlo a dormir al patio, lo mismo que a su padre.

A pesar de tantos oficios que aprendió, dice, hoy nadie le da trabajo, porque ya está “cascarita”.

Sobrevive con una pensión que le dan mensualmente.

“El amigo del banco me dijo, vienes el día primero de cada mes, pero te bañas y te cambias, ¿no será maricón’”, dice entre carcajadas.

Luis Andrade Silva es parte del paisaje de la Plazuela República, llega puntualmente, todos los jueves, al izamiento de la Bandera. Se cuadra y saluda al Lábaro Patrio, luego se sienta, casi recostado, a tomar café y comer tortillas con sal, o una naranja. Nunca pide dinero, siempre ofrece sus servicios como jardinero, albañil o lo que quieran darle a cambio de comida.

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