Saltar al contenido
El Remedio es

Antiforma

14 enero, 2020

Antiforma. Los espíritus son energía pura, pero, cuando navegan en cualquier dimensión, no pueden ser percibidos por todas las personas, que se encuentran vivos, en esta dimensión, en este plano de conciencia.

Existen cosas de otros mundos que se manifiestan en este, sin saber por qué, ni entender por qué, sin comprender por qué.

Muchas veces la gente le da respuestas, de manera lógica a lo que ve y no comprende, a veces, o muchas de esas, son realmente pocas personas quienes pueden contemplar en la manera que sus ojos ven, a esas energías.

Nadie sabe explicar a ciencia cierta, por qué pasa eso.

Nadie.

Quizás, en alguna ocasión, alguien, podría saber un poco.

Pero nunca es algo seguro que se encuentre a esa persona,

Nunca.

Pero en esta ocasión había nacido, una niña, una mujer, de nombre Aurora Garcés,

nació hace quince años, en una familia de clase media, sus padres, la señora Angelina Martínez Ángeles, Alonso Garcés Alpízar, su padre, él un maestro universitario, mientras ella, su madre, una ejecutiva de una empresa de fabricación de vehículos.

Aurora, una joven que tuvo su primera experiencia en el mundo de los espíritus, pudo, sentirse, ver, escuchar, y sentir la caricia de una docena de energías, ella vivió sus primeros años, bajo el manto de la confusión, sus sentidos le mostraban así, una perspectiva, una porción de la realidad.

Pero, otra parte de ella, percibía, se daba cuenta, y recibía cualquier cantidad de información, a partir de un extraño túnel, que daba apertura, para que esas energías se vincularan con ella.

Había miedo, un miedo indescriptible, en la joven, en su mente, en su espíritu quien, a pesar, de entablar hablar con sus padres, casi siempre, ellos, llegaban a un punto tal, en el cual le ignoraban, mientras su temor, crecía de manera incontrolable.

Ella pensaba, que, en cualquier momento, sería llevada a otro plano de existencia, o quizás en su inocente pensamiento infantil, ella pensaba que moriría.

Cuando ella tenía apenas el año de edad, tuvo su primera visita, cuando estando en la cama, de la parte superior del techo de la habitación donde dormía, se abrió un vórtice, muchas partículas se abrieron se expandieron, esas partículas permitieron la salida de una criatura.

Los ojos inocentes, los pequeños ojos, miraban sorprendida, temerosa, hacia cada rincón del techo, que ella veía de manera temerosa, pero era inevitable. Y el contacto el vínculo, entre la pequeña bebé, y el mundo de lo intangible se hacía real, tan real, como en el momento de que le daban leche a través de un recipiente, o tan real como succionarla del seno materno.

La niña miraba con atención y nerviosismo esos resplandores que surgían de la nada,

frente a ella, de un momento a otro esas luces, por llamarle de alguna manera a esa energía que se movía fue tomando forma de algo, parecía una gota enorme de petróleo, porque también los colores fueron difuminándose, en lo que toda esa masa, se manifestaba.

Mientras en la habitación de sus papás, la mamá comenzaba a tener pesadillas, en un estado profundo de sueño, hasta su cuerpo tenía movimientos involuntarios, y en su sueño, ella observó en una escena onírica, cómo un bebe era sostenido por sus pies, puesto de cabeza, y una mano de una mujer delgada, era quien lo mantenía al aire.

De un momento a otro soltaba las piernas, cayendo el diminuto cuerpo al vació.

  • ¡No!

Gritó y se despertó la mamá al mismo tiempo en un movimiento violento.

Abrió los ojos, sudaba frío, con el cabello húmedo, el nervio hasta niveles altos, y se incorporó en la cama, sentada trató de tomar un suspiro, abrió los ojos y trató de ver bien entre la penumbra de la habitación.

  • ¿¡Qué demonios pasa!?

Angelina Martínez, miraba al cuerpo de su esposo, dormido, como si estuviera muerto, ella trató de moverlo, despertarlo, pero sin conseguirlo.

La pequeña Aurora, recostada en su cama, miraba de manera sorprendida lo que sucedía, a su corta edad, frente a ella, y el temor sobre este fenómeno, era indescriptible, la niña se había bloqueado, no podía llorar, o gritar, pero ella sabía bien que algo estaba ahí, que se estaba manifestando, algo que no debía estar, de acuerdo a la lógica humana, de acuerdo a su instinto.

El vórtice abierto en el espacio tiempo, se cerró.

La bebé miraba con un enorme asombro, cómo esa cosa que salió de ese espacio ilógico, irreal.

No tenía forma, era como una gota, una sombra, oscura, que, de un momento principal en su manifestación, de múltiples colores, ahora era de una tonalidad negra, oscura.

Las manos pequeñas de la bebé, se movían, rápido, tenía desesperación en su pequeño corazón, sus ojos curiosos, recorrían el espacio donde veía a esa cosa, que no se sabe, qué era, o definirla, nunca se había visto, algo así en la historia de la lógica de la humanidad.

La puerta de la habitación de la pequeña se abrió de manera abrupta, y apareció la mamá, sofocada con temor infinito vio entonces, aquella forma sin forma, que flotaba a unos metros de la cuna de la niña, empezaba a emitir una especie de fluido un plasma quizás, nunca se sabría, qué era aquello que emanaba, y trataba de tocar con eso a la niña.

La señora Garcés, cargó a su hija, la sostuvo fuertemente en sus brazos, las lágrimas brotaban de los ojos de la madre preocupada y angustiada.

Aquella entidad oscura, entonces se desplazó y acercó hacia donde estaban madre e hija.

De un momento a otro los brazos de la señora, quedaron vacíos, su mirada dibujó un gesto de angustia y terror inexplicable, cuando se dio cuenta den que, por alguna extraña razón, su pequeña hija no la estaba protegiendo, había desaparecido en la nada.

Con angustia, la madre de aurora, buscó en toda la casa, las habitaciones, cocina y baños, la niña no estaba, y entonces se le ocurrió ir a su habitación principal.

Al llegar, vio que aurora, se encontraba con su papá, entre sus brazos, aunque el padre dormía, sin haberse dado cuenta que tenía a su heredera, llegó ella a donde estaba la niña, y la cargó en brazos, gran alivio sintió al tener a su heredera rozando y tocando la piel.

El padre seguía dormido, como en un estado profundo de letargo.

La señora asustada decidió revisar el cuarto de su pequeña, gran sorpresa, gran susto, no había nada, como si nada hubiera sucedido, en esa noche de susto.

La señora asustada, se sentó en la mecedora, cargando a su pequeña, meciéndose, tratando de entender qué había pasado, la mirada de la niña aún inquieta, surcaba con miedo el espacio del techo de la habitación.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de LaRedacción ✍🏻 (@laredaccionmx) el